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REFLEXION SOBRE TURISMO, ADOLFO REY

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Adolfo Rey, Locutor Nacional del ISER. Productor audiovisual. Docente en la UNSTA. Productor integral de “Viajeros”, Canal 10.

Como crece el número de personas en el planeta, crece el turismo.
Hoy es una maquinaria aceitada que puede brindarnos vivir una aventura “all inclusive” con solo pagar y dejarnos llevar.

En la antigüedad no se conocía el concepto de turismo. Parece venir del inglés, “tourism”, éste, del francés “tour”, dar una vuelta.
El turista era un viajero, un peregrino que buscaba llegar a lugares sagrados, como el Camino de Santiago, que recorrían los cristianos en Europa.
Se podría decir que en el siglo XIX, quizás impulsado por la revolución industrial, el turismo comienza a tomar una forma parecida a la que conocemos hoy.
Los jóvenes aristócratas británicos que finalizaban sus estudios universitarios, viajaban a Roma, Florencia o Venecia, cunas de cultura y conocimiento.
El ferrocarril, luego los autos y finalmente el avión, impulsaron el crecimiento del turismo.
En el siglo XX la gente empezó a buscar paisajes de playas donde pasar el verano, ya fuese La Costa Azul o Mar del Plata.
El disfrute de la naturaleza y sus beneficios terapéuticos eran los mayores atractivos.
De alguna manera, la práctica del turismo nos llega desde la búsqueda de lugares sagrados, grandes culturas o simplemente, esparcimiento saludable en contacto con la naturaleza, pero siempre llevando implícita la aventura. Salir de viaje hacia un destino implica superar incontables e inesperados obstáculos.

Ahora viaja mucha más gente que en el pasado, y no necesariamente movilizada por un espíritu aventurero, más que por la necesidad que se ha creado a través de la publicidad.
Ya sea por los diarios, la TV o las redes sociales, que se han vuelto el medio más eficiente para conectarnos, pero también para llenarnos de más deseos de lugares y objetos que “necesitamos”
consumir para ser felices.
Para satisfacer ese mar de gente, el turismo se ha organizado como una especie de industria que ofrece productos que se pueden adquirir en cuotas, con tarjeta de crédito. Destinos y aventuras antes impensadas.
Las economías de muchos países han aprendido a beneficiarse a partir de la actividad turística, que mueve mucha gente, mucho dinero y genera trabajo y posibilidades de desarrollo a las regiones.
Este crecimiento del turismo también trae grandes desafíos.
Paisajes que se preservaron durante milenios, testimonios arqueológicos, la misma identidad cultural de cada lugar puede verse contaminada si no se trabaja de manera consciente y responsable.
Debemos construir un turismo respetuoso de la naturaleza y las culturas.

El mundo se detuvo (el turismo también), ante la aparición de la pandemia, que probablemente marca el comienzo del siglo XXI.
Un mundo que se debate entre más de lo mismo o comenzar a crear nuevos paradigmas. Al menos idealizar otra realidad más equitativa y menos egoísta, evolucionar del miedo al amor.
Hay que empezar a imaginarla, como cuando se planea un viaje.
Viajar nos pone en un estado de conciencia más alerta. Es estar atentos al camino y también al destino, ser solidarios, llevar el equipaje justo, evitar lo superfluo, cuidar los recursos, compartir, escuchar sin prejuicios, sentirnos curiosos con vocación de aprender, llegar juntos.

Será muy bueno poder volver a hacer turismo. Planeemos y realicemos ese viaje que queremos hacer. Pero lo hagamos con una nueva conciencia.
Tomemos todos los recaudos para cuidarnos y cuidar a aquellos que se encuentran en el camino.
Viajar siempre será una experiencia profunda y espiritual. Contemplemos intentando no dejar huellas. Seamos tan solidarios como queremos que lo sean con nosotros mismos.
Viajar es andar y crecer.
Si logramos mantener esa actitud en la vida cotidiana, podemos vivir con la alegría de un viajero a punto de abordar.