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El Pigu Romero

pigu romero

Su nombre es Andrés Fabián Romero. Nació en San Miguel de Tucumán, el 8 de mayo de 1981. El sobrenombre era Pigulli que luego derivó en Pigu, así lo bautizaron en la época que era caddie de Guillermo Cotella.
Desde chico vive en Y. B. y según sus propias palabras, le está muy agradecido a este lugar y lo ama con todo su corazón porque le ha dado todo, amistades y familia.
Estudió en la Escuela Thames. El comienzo de su carrera fue duro, complicado, con algunas piedras en el camino y tuvo que dejar cosas de lado para su crecimiento deportivo, pero no se arrepiente. Muchas historias que al ser recordadas las valora más y hasta le sacan una sonrisa, como la vez que estando con su hermano en Mar del Plata tuvieron que vender unos palos de golf para poder regresar a Tucumán. O en Córdoba cuando los demás competidores se iban a comer, él decía que no tenía hambre, pero en realidad no tenía plata para comer.
Comenzó de pequeño en los torneos de Refinor y Scania, a los 18 años jugó en Córdoba y luego en el abierto del Norte obtuvo el cuarto lugar y podríamos decir que allí comenzó su carrera de golfista. Colombia y Venezuela fueron sus primeros torneos en el tour de las Américas y así fue participando hasta llegar a ganar el abierto de Zurich, considerado como uno de los torneos más importantes.
“El golf me aportó cultura, hizo que me cultive a mí mismo y conocí el mundo, lo que nunca me había imaginado y en todo ese andar lo más valioso que gané fueron las amistades”.
“El país que más me sorprendió fue Singapur, en el sentido de que todos respetaban los semáforos, la limpieza predominaba en la ciudad, las veredas estaban impecables,” recuerda el Pigu.
“A Y.B la veo mejor, la veo que crece, me sorprende la gastronomía, y cuando voy paseando por la avenida Perón es como si estuviera en otro lugar del mundo”.
“En Y.B. tengo una gran comodidad al disponer del campo de golf a 6 cuadras de mi casa y emocionalmente me encuentro feliz porque aquí tengo a mi familia y a mis amigos”.
“Lo que menos me gusta, no tan solo de YB, sino de cualquier lugar, es la inseguridad y desgraciadamente va creciendo y eso nos entristece a todos. Dios quiera que eso pueda mejorar”.
“Tengo que darle gracias a la vida que me dio un talento con el golf, y obviamente al talento lo supe pulir y eso es lo más importante”.
“Mucha gente me ha ayudado y me ayuda en mi carrera. Quizás hoy tengo la oportunidad de ir para cualquier lado y no tengo que vender un juego de palos para volver a mi casa, pero hay otras cosas que no son materiales y son importantes porque el golf también nos satura mentalmente, y en esos momentos necesitamos gente buena que nos influya”.
“Siempre les digo a los chicos que cuando uno comienza no existe más que un palo y una pelota de golf. No hay cumpleaños, casamientos, vacaciones. Para triunfar hay que dejar muchas cosas de lado. Los sueños no vienen a uno. Hay que trabajar para encontrarlos, uno debe tener presente que es lo que quiere y adonde se dirige. Lo que uno anhela va a llegar mucho más rápido de lo que uno cree”.
“Le doy las gracias a la gente de YB, por el cariño que siempre me da cuando voy por la calle, y sentir todo eso me hace muy bien”.