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Comunicación y Pandemia

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María Carolina Gallo
Licenciada en Comunicación Social. Técnico Periodista.
El contexto de cuarentena confrontó a muchas instituciones (empresas comprendidas dentro de ellas), organizaciones de la sociedad civil y agrupaciones, a plantear nuevas maneras de vincularse y relacionarse con sus destinatarias/os naturales para poder mantener sus objetivos institucionales y los servicios o productos que brindaba.
Tuvieron la necesidad de buscar alternativas posibles y viables. En ese sentido, la presencia digital de las instituciones en general, se constituyó en el medio eficaz para la vida digital de las personas, y a la vez, también está en proceso de transformación en este contexto.
Hay un aprendizaje colectivo, conjunto y con la particularidad de ser dispar entre las diferentes personas porque este aprendizaje relacionado con las tecnologías de la comunicación a su vez está mediado por dispositivos, como los celulares, que también presentan facilidades o dificultades según el modelo.
Esta circunstancia, tiene dos claras aristas de necesidades comunicacionales: las instituciones (del Estado, organizaciones civiles, educativas, empresariales, sociales, agrupaciones, etc.-) que han tenido que acelerar la transformación de su trabajo diario hacia la búsqueda del sostenimiento de las relaciones efectivas con sus destinatarios; en las que el que vendía, debía seguir vendiendo; las escuelas debían seguir enseñando; los organismos del Estado no podían frenar su tarea; y así tantos otros; y la otra parte constituida por los que necesitan de esos organismos.
De todas esas personas, muchas de ellas tuvieron que aprender a descargar app’s, a logearse, llenar formularios en línea, pagar (lo que sea) de manera on line, tomar clases on line, manejar las aulas virtuales de sus hijos, inscribirse en algo; es decir, continuar la vida pero en otro espacio: “el digital o el virtual”.
Muchos comenzaron de cero, otros renegaron hasta que el tsunami de las comunicaciones facilitadas por la tecnología los llevó por delante, otros se estancaron en sus trámites para no lidiar con el celular, otros aceptaron y se adaptaron. Otros quedaron totalmente fuera de esa vida no tangible pero ahora cada vez más real.
El uso del what’s app se intensificó exponencialmente. Cada vez más personas se sumaron a hacer “amigos” por Facebook, a opinar en “twitter”, a mostrar sus buenas fotos por “Instagram” y les dio a los más chicos la excusa perfecta para estar conectados 24/7, (24 horas los 7 días de la semana); entre ellos se visibilizó el “tik tok”, las fotos por “Pinterest”, las redes de juegos on line, los canales de Youtube.
Todo este flujo comunicacional que parece enorme y solidifica la hegemonía de las tecnologías de la comunicación, ha servido de medio para que las instituciones y organismos cumplan con al menos algunos de sus objetivos, otros justifiquen su existencia y que otros puedan mantener su existencia sin funciones, sólo informando a través de los medios posibles. Pero las personas, en su vida individual, ciudadana y cotidiana, han cambiado sus espacios de vida social, laboral y hasta íntima. Es muy compleja esta transición y ha develado que la pandemia nos ha dejado “la comunicación” como tema transversal, evidenció aún más, que construye los espacios sociales: instituciones, empresas, equipos, grupos, cada uno de nosotros. Entonces ahora sí, es más fácil comprender la preocupación de Pichón Rieviere sobre “comunicar para la esperanza”, quien lo hace busca los aspectos positivos de los intercambios sociales, ojalá así sea, porque no estamos reflexionando sobre la digitalización como espacio de derechos, deberes, obligaciones, fraudes, delitos, amistades lejanas, amores desconocidos, vivimos ahí sin ver. Pero otros sí ven y sí construyen ante la pasividad de nosotros los nuevos y entusiasmados usuarios de la enorme cantidad de opciones que ofrecen ahí, en internet unos cuantos pocos de este mundo.