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“Yungas la tierra sin mal”

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Alejandro D. Brown, Presidente Fundación ProYungas

 

En el noroeste argentino, más precisamente en las laderas húmedas de las Sierras Subandinas se desarrolla una selva exuberante y biodiversa a la que recientemente hemos comenzado a llamarla “Yungas” o selvas subtropicales de montaña. Sinónimo de diversidad de plantas y animales, también conocida por su oferta de servicios ambientales como el agua para riego y bebida de las poblaciones humanas que habitan el tórrido y  estacional pedemonte.

Las Yungas hoy son epicentro de muchas actividades humanas intensivas como la actividad alcoho-azúcarera, la industria citrícola y tabacalera y por supuesto la actividad forestal, que permea la maraña vegetal  para llegar a las entrañas mismas de la selva, donde aún existen recursos forestales en abundancia. Y en ese interior también pujan por sobrevivir comunidades campesinas y aborígenes, que en la agricultura migratoria y en la ganadería de trashumancia, apuestan a asegurar su vida cotidiana, sin estridencias pero con la convicción que la selva nunca les ha fallado.

Estas selvas, “la cara verde” del noroeste argentino, nos ofrece la presencia simbólica de muchos elementos tropicales, como tigres, tapires, monos, refugiados en el mar verde de las Yungas del Alto Bermejo, hoy Reserva de Biósfera, en las provincias de Salta y Jujuy. Es decir, un lugar señalado por el mundo como ejemplo de cómo pueden convivir la presencia humana y sus actividades, con el mantenimiento de elevados niveles de biodiversidad. Pero más allá de esta región emblemática  y aún con la naturaleza empobrecida, no obstante, las Yungas desde Catamarca hacia el norte, continúan brindando sus servicios ambientales a nuestra sociedad.

En esta amalgama de campesinos, aborígenes, empresas y Estado, las Yungas han paulatinamente mostrado sus valores y también sus limitaciones, a través de miles años de coexistencia entre naturaleza y sociedad. Hoy, con el esfuerzo de muchos estamos logrando poner en valor este ecosistema y darlo a conocer. Y fundamentalmente mostrar que muchos de los males regionales, producto del incremento de la intensidad de las precipitaciones y la consecuente torrencialidad de sus arroyos, serían mucho peor si no hubiéramos cuidado el mantener la cobertura forestal como lo hemos hecho hasta ahora.

Es así como esta tierra muy especial y como lo señala la cosmovisión guaraní, se ha ido convirtiendo en la “Tierra sin Mal”, ese espacio que nos protege y nos da la tranquilidad que bajo su sombra resguardada nada malo nos puede pasar!