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Viajeros brasileños

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Somos una familia brasileña, Marcos, mi esposo, la pequeña-grande Sofía, nuestra hija, hoy con 13 años, y yo, Taciana, en el apogeo de mis 49 años. Y fue una mañana común del día 16/02/2017 que dejamos nuestro trabajo, nuestra casa, nuestras posesiones, amigos, familiares, nuestra rutina de vida, dejamos nuestro país (Brasil) y nos rendimos a una aventura sin precedentes para nosotros. Resumimos nuestros activos a algunas pocas cosas, suficientes para encajar en una Kombi Safari 1986, que bautizamos de Libertad y nos echamos a lo desconocido, llenos de expectativas.
Hoy con más de dos años en la carreteras, una colección de historias, amigos y aprendizajes es lo que nos acompaña. Aprendimos a vivir con poco, sólo con lo justo y necesario, porque en la vida no se necesita mucho. Aprendimos a convivir diariamente en un espacio muy pequeño, no más de 4 metros cuadrados. Aprendimos que en el mundo no hay fronteras, que podemos vivir adonde y de la manera que queramos. Aprendimos a convivir y respetar los climas más extremos del planeta, sea el invierno riguroso de Tierra do Fuego, los vientos de barrido de Cerro Sombrero, los largos días grises y nevados de Punta Arenas, las constantes lluvias de Pucón, el cielo punteado de estrellas del Valle del Elqui, la aridez y la calidez abrumadora del desierto de Atacama.
Hemos aprendido a romper tabús que nos han enseñado a bañarnos en los ríos, calentar piedras para abrigarnos del frío, lavar nuestra ropa en el lavabo del baño, beber agua del grifo, comer frutas sin lavarlas, aprendimos que uno puede quedarse sin ducharse algunos días, y eso no significa que está sucio; aprendimos a disfrutar de un menú muy restringido y comerlo como si fuera un manjar de los dioses. Aprendimos que en una de las muchas veces que cruzamos la Cordillera de los Andes, bajo la nieve y con un frio de -8 grados, nuestra Libertad puede, quedarse sin fuerzas para alcanzar a los 4.900 metros de altitud, pero que nada pasa, solo hay que tener calma, porque en ese momento alguien emergerá y nos remolcará hacia la cumbre. Descubrimos que cuando el auto se rompe, y te quedas atrapado en alguna parte, miles de cosas buenas pasan. Aprendimos a practicar y recibir la solidaridad de los demás en todo momento.

¿Nuestra pequeña-grande Sofía? Esta niña es privilegiada, dejó los bancos de la escuela a los que asistió en Brasil para estudiar en la “escuela de vida”. Estudió en Tierra ddel Fuego, Argentina, asistió a escuelas en Punta Arenas, en el Valle de Elqui, fue cadete en los bomberos, estudió violín, fue galardonada como “Mejor Compañera” e hizo muchos amigos en todas partes. Creemos que estamos formando una “ciudadana del mundo” que no conoce fronteras, y que también está aprendiendo a entregarse a cualquier situación, incluyendo el difícil arte de dejar atrás a los amigos recientes, porque sabe que otros la esperan en alguna parte del mundo.
¿Qué podemos decir después de estos dos años de caminos recorridos? Que nos hubiéramos arrepentido amargamente si no hubiéramos dado este paso que nos lanzó en este mundo paralelo, el mundo de los viajeros. ¿en cuánto a los amigos? Estos nacen por todas partes, como brotes de un árbol que jamás dejará de crecer…
Cruzamos el Atlántico, gracias a los amigos que hicimos en nuestro viaje por Sudamérica y hemos hecho nuevos amigos, guiados por las amistades conquistadas en nuestra amada América. ¿Qué esperamos para mañana? Muchos caminos más, y muchos amigos, y paisajes a conocer, y cuando llegue el día de nuestro último viaje en este planeta, al cerrar nuestro ojos, llevaremos con nosotros las imágenes de todos los hermosos paisajes que visitamos, la nieve blanca sin fin de la Patagonia, la grandiosidad del Perito Moreno, la magia del Torres, del Paine, el rubor del Fits Roy, el desierto sin fin del Atacama, el beso silencioso del Pacífico en el desierto, la maravilla de los Altiplanos peruanos, la grandeza del desierto de sal… Y ese último viaje lo haremos calentados por la calidez de las amistades que hemos hecho en los caminos del mundo. ¡Por todo lo que hemos vivido, solo una cosa podemos decir… gracias a la vida que nos ha dado tanto!