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Reportaje a Pablo Zelaya

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Una tarde de domingo recibí la visita de Pablo Zelaya Huerta, mates de por medio fue pasando la tarde y fueron saliendo sus palabras llenas de entusiasmo y amor a lo que él hace.
Lo primero que nos cuenta es que él sube montañas porque es su pasión, su vida, lo que lo llena.
De muy chico se fue cautivando por la naturaleza y nos cuenta que una madrugada a los 13 años se encontró solo, perdido con su bicicleta en el valle de La Sala. Esa incertidumbre le gustó, la sensación de que sus decisiones lo sacarían de esa encrucijada, y esa responsabilidad, ese elegir buscando el camino correcto, lo llevó a que varios años más tarde se encontrara a los pies del Everest, el techo del planeta.
Practicó ciclismo, descenso. Comenzó en la escalada con una cuerda comprada en Canigo y colgándose del Funicular inspirado por los videos que veía en ESPN.
En el ABC de su formación como montañista lo ubica al cerro Muñoz como el primer escalón. Luego se fue a la Patagonia y realizó muchas travesías. El Tronador, el Frei, el Lanin fueron forjando su experiencia, en este último se quedó trabajando como Porter (personas que llevan mercadería para las excursiones de montañistas).
Hizo cursos de escalada en piedra y en hielo. Luego las vueltas de la vida lo llevaron a vivir a Miami donde tuvo la oportunidad de trabajar en la tienda REI, allí aprendió del uso y conocimiento de los equipos de montaña. (REI es una empresa estadounidense, no muy conocida afuera de su país que hace muy buenos productos. Los dueños son montañistas y fabrican elementos para montañistas).
De todas sus experiencias deportivas la que más adrenalina le produce y motiva, es el montañismo, porque el descenso en bicicleta puede durar 15 minutos y se acaba la experiencia, en cambio en el montañismo te encontrás durante días viviendo intensamente. “Te llena más, te nutre”. “Llevo 22 años subiendo montañas y las siento como si fueran mi casa”.
En el paso B de la preparación lo podemos ubicar al Tugle, o al Acay, en estos cerros, más allá del tecnicismo te ejercitas en la complejidad de la presión atmosférica, viviendo el apunamiento. “Te ubica en el umbral psicológico donde el cuerpo acompaña a la cabeza y aprendes otros valores”.
En el paso C pondría las montañas de Perú y Bolivia. “El Aconcagua es el techo de América, pero es un treking”. “La gente sigue al ego”.
“Quien va al Taficillo, es un excursionista, un senderista. Algunos me dicen que quieren ir al Aconcagua y están entrenando haciendo Pilates. Yo para ir a la montaña entreno haciendo montañas”.

Entrenamiento
“Me levanto a las 5 de la mañana y corro 40 minutos por Horco Molle. En mi casa no tengo living tengo máquinas de ejercicios. Desayuno homelet. Escalo entre media y una hora. A la noche salgo a hacer bici una hora, o corro 40 minutos más”.
“También hago tareas de mucha intensidad, puedo ir al Ñuñorco y lo subo en una hora y media, de allí me dirijo al Pabellón y lo subo en 2 horas. Voy a Aguas Chiquitas o cruzo el Muñoz corriendo. Siempre voy solo”.
“La escalada me da mucha libertad, me nutre, me genera satisfacción, me conecta de una manera muy intensa con la naturaleza. A veces estoy escalando en la quebrada del Varón y paso a unos metros de una pareja de cóndores que me observan curiosamente y esa conexión es una sensación única”.

Accidente
“En el año 2011, en los Nevados del Aconquija viví la experiencia más fea de mi vida. Alejandro Sorondo un compañero de montaña murió cuando nos agarró un fuerte viento. Yo desperté 2 días después a 850 metros del lugar. Una de las últimas imágenes que vi fue verlo rodar. Termine despertándome con 6 costillas rotas, los hombros fisurados y la cabeza partida. No me acordaba de nada. Me estaba muriendo y tenía la sensación de que estaba en mi casa calentito. Decidí ponerme un corticoide, de las 12 ampollas que llevaba. Bajé como pude, encontré un río y me deje llevar. Llegue a una cascada quise bajarla y caí lastimándome los tobillos. Lloraba todo el tiempo pero tenía muchas ganas de vivir y siempre con ingenio y esfuerzo iba encontrando una nueva pista y posibilidad que me iba sacando de la montaña. Cuando llegué a la selva me sentí más seguro, pensé que me había salvado. Caminando como pude llegue a la ruta 365 y ahí paré una moto que me llevó a la comisaria de Alpachiri”.
“Estuve en terapia intensiva 15 días y no me acuerdo de nada, me pase 3 meses sin caminar y un año demoré en recuperar la buena movilidad de las piernas”.
“La pérdida de mi amigo me fortaleció, y hoy uno de los trabajos que tengo es dar charlas motivacionales, porque el ser humano no es consciente de hasta dónde puede llegar”.
“Me di cuenta que mi hijo Tomi que en ese momento tenía 2 años fue el que me dio las fuerzas para vivir. Y es también mi hijo que me alienta cuando emprendo alguna aventura diciéndome. “vos anda, hace tu vida, yo sigo haciendo la mía”…
“Con el tiempo volví al lugar del accidente a rendirle un homenaje al Ale, pero el primer año que fui solo, me quebré, no pude llegar. Me invadió una gran tristeza. El segundo año fui con unos amigos y dejé una cruz. Hoy, él es mi compañero en cada montaña que subo”.

Otras experiencias
Hice el Cruce de los Andes, me descompuse, me explotó el cuerpo porque aún tenía secuelas del accidente. En esos días conocí a los de la Fundación “Espera por la vida”. Conozco 2 chicos que están esperando el trasplante de medula ósea durante un año y medio. Me motivó la actitud de esos chicos que se pueden morir en cualquier momento y quise comenzar a trabajar con ellos.

Aconcagua
“Hice en 24 horas el Aconcagua, saliendo a las 19 y 30 hs de Plaza de Mulas (4450 metros). Llegué a Berlín (5950 metros), a la una de la mañana y dormí unas horas. Llevaba una campera, un polar y una bolsa de dormir. Unos mejicanos me llevaron café, galletas y me invitaron para que a las 3 de la mañana vaya con su grupo. Hicimos cumbre (6962 metros), a las 10 de la mañana. Bajé por el gran acarreo, 2000 metros de desnivel con piedritas como canicas que permiten que uno vaya deslizándose, como patinando, es divertido pero peligroso y se cansan mucho las piernas”.

Everest
“Ir al Everest es la gran Meca de todos los montañistas. Es un destino lejano y caro, como barato sale 40.000 dólares. Los primeros días hice de guía con un grupo de mejicanos que había conocido en el Aconcagua y me la pase bajando gente que había hecho edema pulmonar”.
“Estuve 25 días a 6400 metros que es el campamento base por el lado del Tibet. Es decir donde terminan los Andes comienzan los Himalayas. No pude hacer cumbre. Cuando estaba en la base me enteré que mis amigos mejicanos habían quedado ciegos a los 8500 metros. Los sherpas (vaqueanos del lugar), pedían un depósito de 40.000 euros para ir a buscarlos. Decidí ir yo y los encontré a los 7700 y de ahí los acompañé hasta abajo. Esta experiencia me mostró que puedo hacer una trepada rápida hasta la cumbre del Everest y ese es el plan que tengo para el 2018. El plan sería aclimatar 60 días en total. Dejaría una carpa a 8300 metros y comida liquida. Tendría que estar 30 días a 6400 metros, 10 días a 7200 y en 7400. Bajar al base (5500 metros), alimentarme bien, subir a 6400 y pasar otros 5 días. El día de asalto de cumbre tendría que salir a las 5 de la tarde. Al amanecer tengo que haber cumplido el objetivo y a las 10 de la mañana a 8.300 metros”.
Tengo otro sueño a cumplir que es ir al Polo Sur en el 2020, tardaría 72 días, son 1200 km y que desde el punto final me busque un helicóptero.

Se fue Pablo con sus experiencias y sueños y en la galería de la casa quedaron dando vueltas algunas frases:
“La montaña te hace simple y vivir con lo básico”.
“La montaña es lo real, el frio es frio, el viento es viento. La montaña es cruel, verdadera y sincera. Acá es un chiste, vos escuchas a la gente quejarse y vos le preguntas, de qué te quejas”…
“Nadie valora la vida como vos la tuya”
“El límite entre la omnipotencia y la sabiduría, es la experiencia, el conocerse, si no te conoces te vas a matar”.
(Al concluir la nota siento que yo como montañista y escribidor de historias, tengo una gran admiración hacia Pablo, porque accidentes podemos sufrir todos, pero a pesar de esa desgracia salir adelante fortalecido física, psíquica y espiritualmente, solo lo logran algunos).
www.Zelayahuerta.com